Y cuando quisimos ponerle nombre habíamos olvidado las palabras. Nació sin nombre, sin cargas ni culpas, sin pasado ni urgencias de futuro. Nació entre nosotros, entre caminatas y gatos, entre bromas cortantes y sonrisas tontas. Entre un tu y un yo le cuidamos, quisimos que creciera fuerte, que nos cuidara y salvara del mundo. Le pedimos que resistiera a la sed de contacto y al hambre de conocernos. Pero la distancia creciente y el tiempo irreversible puso fin a su existencia. Hoy es un recuerdo, junto con las promesas, las caminatas, gatos y fotografías.
Terminus a quo, terminus ad quem Nitimur in vetitum semper cupimusque negata vincit qui se vincit