Non Nobis

Creo ver cosas con el rabillo de mi ojo, con ese ángulo de visión periférico que está justo al borde quedar fuera del rango de visión. Allí viven sombras, criaturas y bestias que esperan su oportunidad para saltar sobre mi y usar cada espacio de mi mente y mi alma

Llevo varios días soñando con mis muertos. Amores y cariños muertos en vigas, cuchillos, ruedas, te odios y nos vemos otro día. Y tengo la oportunidad de tener una ultima palabra, una ultima replica. Un abrazo y un te quiero, muchas gracias y no te olvido, perdón y gracias.

De pronto se me olvida como caminan los seres humanos y me enfrento a segundos largos en los que pongo un pie delante de otro y trato encontrar el ritmo que marca el caminar. Un pie se apoya y el otro se levanta, el cuerpo se tambalea y los pies invierten posiciones.

Cada día olvido un recuerdo nuevo, busco en mi pasado y elijo olvidar. Un Teseo inverso, en lugar de reemplazar tablas, yo desmonto la nave por completo, sin buscar recuperarla

No logro con mis palabras expresar lo que siento, o quizás no siento lo que puedo expresar. Las palabras son vacías y no pueden pintar la belleza de ver el amanecer en el mar, la tranquilidad de verte dormir o el deseo de verte sonreír.

Thoth ha abandonado mi templo y en su lugar puse efiges sacrilegas para poder seguir adorando en el; becerros de oro ubiqué en el sagrario, buscando que la iluminación volviera. Pero el templo está vacío, sin vida ni alegría, sin luces ni calor, sin magia ni misterio. ¿Debo ofrecer un hecatombe para traer de vuelta la magia de Thoth? El arca de la alianza ya no existe y el fuego sagrado se apagó. Los sacerdotes huyeron llevando lo que pudieran vender, arrancando de las paredes y arañando del suelo, destrozando y arrasando.

Vuelve musa, vuelvan palabras mágicas. Non nobis, Domine, non nobis. Sed nomini tuo da gloriam.

Polimnia me abandonó y mis palabras ya no tocan ni llegan Melpómene me dejó y todo no es más que la farsa de lo que fue. Erató me olvidó y mis palabras ya no dan el calor que anima las noches. Calíope desapareció y mi voz calló, la respuesta se perdió y el silencio todo lo poseyó.

El lenguaje mantiene la realidad unida, coherente consigo misma y con los demás. Ya no la usamos para pintar el mundo interno en el externo: la redujimos a un intercambio de información. Desacralizamos el lenguaje buscando una eficiencia y el transmitir información en lugar de invitar al otro a vivir dentro de nuestro mundo, la narración perdió la magia y la convertimos en un mensaje que busca ser siempre preciso, neutro, higiénico.